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Bienvenidos a METÁFORAS.
Foro inaugurado el 23 de noviembre de 2008.
Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
Páginas: [1] 2 3 ... 10
 1 
 : Agosto 03, 2018, 01:09:22 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
http://www.metaforas.com.es/diana-gioia/versos-blancos/15-16culmendecadas/

(15-16)Culmen/Décadas
© 2015 A.Emma Sopeña Balordi

Esplendor ISBN: 978-15-0888-438-5



 

CULMEN
Date prisa, me entibio
y los besos remotos se diluyen
en lágrimas huidizas.
Apresúrate y trae
el culmen insaciable,
tu Esplendor en la Hierba.
 



 

DÉCADAS
 

Ven. Acaricia mis sentidos. Víbrame.
No dejes ni un milímetro de tregua.
Sólo tu voz no nutre la demora,
ni tu imagen estática el vacío.
Si conjugas tu piel con mi pulsión,
si tus ojos respiran con los míos,
colmaremos las décadas errantes.

 2 
 : Agosto 03, 2018, 01:07:56 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
El Aliento de las Hadas

Abstraída en ignotas dimensiones   
rozo el místico efluvio de las hadas,   
suave céfiro, estela de ilusiones,     
oscilando en la luz de sus miradas.
En tenue crepitar, sus corazones 
entonan, hechiceros, mil baladas;       
disfrute de armonía, prez al viento,         
un tañido en la flor del sentimiento.


Rosa (2/9/2011)

 3 
 : Agosto 03, 2018, 01:07:07 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
Lady Ágata
   
Crisálida de amargura

Hablando de soledades,
de mentiras y silencios:
cicuta de las palabras,
trueque en rencor del deseo.

Aguijones aborribles
desbaratan mi cerebro,
emponzoñan las ideas,
envilecen los afectos.

Aquél que a base de engaños
te aniquila por completo,
ese indigno mentiroso,
nunca será hombre bueno.

Rota, sin voz y marchita
muy lentamente fenezco,
crisálida de amargura
del que causó mi lamento.

Su egocentrismo disculpo.
En fútil busca de sexo,
ignora que las mujeres
son más que un gentil objeto
para obsequiarse un alivio
como simple vertedero.

 4 
 : Agosto 03, 2018, 01:05:56 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
   
Miedo

Intento levantar
las piezas de mi máscara,
inmóvil
efigie
de sal que me enmudece.
Apenas
mis dedos
las tocan, son ceniza,
jirones inasibles
de polvo.
No quiero
salir.
El mundo, donde impera
la moral de los seres
de barro,
aún no es seguro.


Orlando

 5 
 : Agosto 03, 2018, 01:04:52 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
   
HOY

Hoy recaudo el afán,
la caricia innegable,
el beso posesivo
y la intención por sacudir
la apacible metamorfosis.

Hoy descubro la calma coherente,
y al amanecer, la sonrisa
permuta
una paz melodiosa.

(Freya)
18 de Abril, 2012

 6 
 : Agosto 03, 2018, 12:56:30 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
Candela Martí

Y SIGO AQUÍ 


Me dañan tus silencios, uncidos a mis manos,
penitencias oscuras rasgándome la piel,
al besar, insistentes, mis supinas nostalgias
y vestirme de negro, sin futuro ni luz.

Rememoro tus labios, en húmedas caricias,
en las tardes menguadas de mis meses de invierno .
Y sigo, aquí, en mi mundo, soñando que me sueñas,
percibiendo  la vida como trova fugaz.

Si en la noche pudiera eludir los pesares,
tiñendo de alborozo mi penúltima etapa,
cincelaría el aire de jazmines y rosas,
con la ilusión sujeta a tu casual retorno.
Mas sigo, aquí, callada, ceniza de tu lumbre,
confiando que, pronto, me regrese tu voz.

 7 
 : Agosto 03, 2018, 12:47:56 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García

Huida

Busco, huyendo entre ruinas negras,

- mi destino: la deserción  -

los temibles ojos  del pánico.


En la indiferencia me ocultas,

tras la tenue brisa, tus palmas.

El tul de sombras infinito

se nutre de cortes al biés.


Eterna y salvaje apatía:

la diáspora fugaz de besos.


Corregido en el foro Metáforas de Diana Gioia.
(c) María Teresa Aláez García. Mayte Aláez. Mtiag.Pernelle.

 8 
 : Agosto 03, 2018, 12:46:33 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
altabix


   
Mi cara en tu espejo

Si miras verás mi cara en tu espejo,  una mirada que se clava y te deja sin hablar.

Porque me viste y me quisiste; como se canta un bolero.

Porque me miraste  a los ojos y me amaste sin temblar, tu mirada  cálida, amorosa y sencilla.

Me dijiste que me amabas y no  me olvidarías.

 Con el paso del  tiempo,  una fuente de hielo creció entre tus ojos y mi alma.

Y te añoro apasionado, como se quiere a un hijo, como se aguanta al dolor.

Y eres al fin un recuerdo plácido,  frustrado abrazo,  desatino doliente.

 9 
 : Agosto 03, 2018, 12:42:45 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García

Mac de la Torre

El no Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.

 10 
 : Agosto 03, 2018, 12:24:21 am 
Iniciado por María Teresa Inés Aláez García - Último mensaje por María Teresa Inés Aláez García
CECILIA

La noche en que quedé con Cecilia –noche cálida de finales de primavera, a la luz de las velas, lo bastante cerca del mar y alejado del centro para escuchar el rumor de las olas- era un amasijo de nervios bajo una máscara cortés. No tenía expectativas; mejor dicho, quería pensar que no las tenía. Los días anteriores a su llegada se me hicieron eternos, no dejaba de mirar el reloj con la sensación de que el tiempo se había detenido, sólo por jorobar. Temía que por la misma razón, en el momento de la verdad pasara demasiado rápido. Claro que tenía miedo, ¿quién no lo tendría? ¿Alfredo? Él no se había comido un rosco en la vida, aunque gustaba de tocarle el culo a la primera que se le pusiera por delante. ¿Agustín..? Agustín, quizá no.
   Cuando levantaba la pantalla del portátil me recorrían grandes escalofríos. Me quedaba mirando mi reflejo difuso en la negrura unos segundos, sólo para volver a cerrar el ordenador y desconectar la corriente. Eso los últimos días; entonces incluso agradecía las voces de mi madre: ¡Son las once, deja el ordenador y vete a dormir ya! Antes de eso estaba feliz, conectado al Messenger a todas horas. Las palabras bonitas y la fluidez dominaban cada conversación. ¡Era tan diferente a la realidad!, ¡y tan real!
   La noche en que quedé con Cecilia me vestí con unos pantalones negros y una camisa; por una vez en la vida utilicé la colonia, olvidada en un estante desde Reyes. Cecilia -¡cómo saboreaba su nombre! Pronto podría, también, pronunciarlo- llegaría en tren a las siete y media. Había logrado convencer a mis padres para que me dejaran volver a casa a las diez, aunque no les había revelado el objeto de la tardanza.
   Mientras caminaba hacia el local donde esperaría, imaginaba cómo podría cambiar mi vida a partir de ese momento. Habíamos hablado mucho sobre ello –siendo riguroso, escrito-, quiero decir, Cecilia y yo, pues teníamos intereses muy parecidos. Sonriendo, recordé cierto descabellado plan para escaparnos juntos a cualquier parte del mundo. Movido por el peso de la balanza también pensé en lo otro, en lo Innombrable. ¿Y si sucedía lo innombrable? ¿Y si a partir de ese día, sólo veía el muñequito rojo junto a su nombre? Lo entendería, aunque me costara, ¿acaso no era así el mundo real? Bueno, ¡pues ya había cumplido los doce! Estaba acostumbrado.
   La noche en que quedé con Cecilia recuerdo que estuve a punto de quedarme en casa. Aquello ya no sería una simple conversación digital, sino algo mucho más serio. ¿Estaba preparado? Tal vez no…; pero tenía que estarlo. No conocía a nadie mejor que a Cecilia, ¡ella tenía que ser la persona adecuada! ¿Quién si no? ¿Natalia, que no dejaba de pellizcarme y lanzarme miradas en medio de clase, con esos ojos tan profundos y negros? ¿María, que inexplicablemente se encogía asustada y se alejaba de mí en cuanto intentaba acercarme a ella? Cecilia era diferente, era un ideal.
   Me senté en la terraza a las 20:25. Estaba anocheciendo y un camarero iba de mesa en mesa encendiendo las velas. Me entretuve en contar los barcos que aún podían verse en el mar. Las 20:30. ¡Qué nervios! Notaba el corazón muy acelerado, no podía dejar de mover las piernas… Las 20:40. Cecilia tendría que haber llegado hacía diez minutos. Me puse aún más nervioso. Cuando medio minuto después sonó el móvil creí que me iba a dar un infarto. Lo saqué del bolsillo entre temblores. No sé si me sentí aliviado al leer el nombre de Pedro en la pantalla. No iba a ser capaz de hablar, de modo que dejé que siguiera sonando. Al rato volvió a intentarlo y le corté la llamada. Eran las 21:00 y Cecilia no había llegado aún. Pedro llamó por quinta vez. Harto, acepté la llamada y saludé. Él no respondió inmediatamente. En su lugar se oyeron algunos ruidos y lo que parecía una risa encubierta. ¿Pedro? –dije. Su respuesta echó por tierra todas mis expectativas. ¡Que te lo has creído!
   Sería exagerado decir que me enfadé con ellos más que conmigo mismo; aún menos con Cecilia, esa chica incorpórea, esa mentira.
   La noche en que quedé con Cecilia me di cuenta de muchas cosas. No sé de cuántas me acuerdo, pero lo peor ha sucedido; ahora veo el muñequito rojo al lado de su nombre, y no me entran ganas de conocer a otra Cecilia. En clase llueven las risas a mi paso. ¿Os lo podéis creer? Sólo María no se mofa, y Natalia, asombrosamente, ha dejado de pellizcarme.
 Dage

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