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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Fuera de Sitio  (Leído 1182 veces)
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Alpha_Centaury
Visitante
« : Agosto 28, 2009, 08:20:28 pm »

Querido diario:

Me llamo Perla. Tengo 10 años. Escribo despacio y con letra bonita por si, de mayor, me apetece releer esto.

Soy rara. Todo el mundo me lo dice. No tengo amigos en el barrio. Salvo para ir al colegio, nunca salgo de casa. No tengo hermanos ni primos, así que me toca jugar sola. Tampoco tengo ordenador ni videoconsolas o televisor. Jamás he ido al cine. Me han contado que mi papá tiene una enfermedad muy fea que se controla bien si no mira las pantallas pero si las mira podría caer al suelo, con convulsiones, echando babas por la boca… ¡y podría atragantarse con su propia lengua, hasta morir asfixiado! Y como a él esas cosas le gustaban y no sabe controlarse cuando algo le gusta mucho, los que saben y cuidan de nosotros decidieron que esos aparatos no debían entrar en casa. Y no entraron.

Otra cosa que me hace rara es que mis abuelos paternos no quieren a mi madre y como no la quieren, no vienen a casa. Sólo me vieron en mi bautizo, en mis cumpleaños y en mi Primera Comunión. La verdad es que los entiendo. Yo quiero a mi madre porque es mi madre, pero sé que a la gente le da un poco de miedo.

Soy rara porque mis padres son raros. Mi madre no habla casi nunca. Cuando habla es para decir pocas palabras, pero tiene el vicio de mirar fijamente a la gente y la pone nerviosa.

Además, es fea. No cocina, no hace las camas, no hace lo que hacen las otras mamás. Los que saben y cuidan de nosotros la vigilan a diario. Mi padre es diferente. Él sí habla, pero de manera torpe. Lo sé porque he visto a la gente del colegio reírse de él.

También se ríen de él porque suda mucho y tiene siempre la cara roja. Convivimos poco, porque por la mañana sale a trabajar y vuelve tarde. Cuida de mí cuando puede, aunque ya no puede ayudarme con los deberes. Por suerte, me ayudo sola y me va bien. Las chicas que vienen a la casa se asombran, me dicen “no entiendo cómo puedes ser tan lista siendo tus padres lo que son”.

Recuerdo un día que vi sangrando a mi padre. Estaba cortando jamón y se hirió con el cuchillo. Él pidió ayuda a mamá. Y mamá, la pobre, en vez de ayudarle a curarse le regañó por manchar el suelo de sangre. Ella no entendía que él se había hecho daño y que eso era más importante que manchar el suelo.

Me costó mucho saber cómo se llama lo que les pasa a mis padres pero, tras preguntar y preguntar, la orientadora del cole me dijo que ambos tienen retraso mental.

Sus cuerpos son adultos pero en sus cabezas tienen mi edad. O incluso quizá sean más chicos, porque también me dijo que soy una niña genio y que debo aplicarme, aprender a hacer cosas cotidianas, ser comprensiva y cariñosa, pues en cuanto sea capaz, me tocará cuidar de ellos sin ayuda, pues nadie me ayudará, a pesar de que lo de mis padres, al parecer, no se contagia.
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