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LILIANA VALIDO
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« : Febrero 07, 2010, 10:14:14 pm » |
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Tic tac, tic tac…
Él está ahí, no se detiene nunca, su dueño lo mantiene activo, le dicta órdenes que debe cumplir a la perfección. Ya no realiza con libertad su natural función.
Marca segundo a segundo la vida en la casa, en una eternidad monótona e interminable. Obedece los mandatos asignados, con ellos determina las actividades y movimientos de todos los que la habitan. Es partícipe, testigo cómplice, de esa rutina silenciosa que aturde. Encierra el hogar y los sentimientos de cada uno de ellos, hasta los de su dueño, en brumas de soledades que oscurecen el alma.
Determina con horarios rigurosos, hasta los sábados y domingos, la ceremonia del desayuno, almuerzo, merienda y cena, sin tener en cuenta los deseos de la familia. Todos acatan sus pautas como sonámbulos, que responden a llamadas de campanadas que no se oyen pero se sienten.
¡Qué poder tiene y cuánto destruye! La libertad es su blanco preferido, sus amantes son la rutina y la monotonía. El hastío de sus postulados anula los diálogos espontáneos. Los sentimientos se esconden de él en los rincones más secretos del alma.
El tiempo transcurrió, soy su nuevo dueño, otra es la perspectiva de mi mirada. No le dicto normas ni órdenes. ¡Él ya no es un dictador! La voz interna de mis emociones, ya en libertad, se escucha en todo el hogar. La aceptaron, primero con miedo, cuando se dieron cuenta de su albedrío, soltaron sus deseos. Hoy comemos cuando tenemos hambre, dialogamos cuando queremos. La emancipación invadió el hogar. Hemos aprendido a disfrutar sin ataduras los tiempos de la vida. De esta manera compartiremos los actos vitales de un hogar que late, que vive. La casa se llenará de ruidos, los de las palabras de cada uno, ellos darán lugar al diálogo deseado por todos y para siempre.
Ya no se escuchan las campanadas silenciosas de sus mandatos. Sin embargo él está ahí, sigue marcando el tiempo, segundo a segundo. Cambió su tiranía por un loco tic tac; es, simplemente, un reloj.
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