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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Enero 2018  (Leído 111 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
María Teresa Inés Aláez García
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« : Enero 01, 2018, 10:35:35 pm »

¡FELIZ AÑO NUEVO!

La rosa y la nieve
 
Sin conocer porqué,
quizás viniese el viento
jugando por los campos de Castilla
y trajo en su raíz  de rosaleda,         
hasta la misma sierra, tu semilla. 
 
Fuera de turno y hora
de insólito brotar, fría otoñada
casi rozando el hielo,
surgiste firme entre mi sierra amada.
 
Oscurecer de cielo,
como fino algodón, copos de nieve
cubriendo en albo el suelo.
Y tú, rosa, repleta de apostura
tiritas con el frío.
 
Tus pétalos el aire
acariciaba tierno,
las ramas de los chopos y pinares
tratan de guarecerte del invierno.
 
Amanece de inmaculado manto,
paisaje de monótona mirada
en blanco sobre blanco persistente,
la nieve como manta despiadada 
mostrando brinda tu corola roja.
 
Trastocaste la época
de tu emerger, tardía,
pero cual dulce flor de altanería
enamoraste al aura.
 
                                   Nardy
29-01-05
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #1 : Enero 01, 2018, 10:36:48 pm »

POR TAN DULCE AMOR SUSPIRO.
 
Por tan dulce amor suspiro,
en tu celo me consumo,
mi fragancia va en el humo,
gema, rayo en su zafiro.
 
En el latir de las albas
explosionan tus colores,
la linda faz de las flores
bendice los rezos malvas.
 
Y yo acudo a tu presencia
a empaparme de tu aliento,
aturdida te presiento
en el mar de mi conciencia.
 
A tu luz nacen mis versos,
de tus plantas olorosas
surgen virginales rosas
hacia ti sus tallos tersos.
 
Se murió la sombra fría
por el cerro y con presteza,
me libro de su fiereza
y vuelve al fin mi alegría.
 
Las sutiles golondrinas,
sus alas, rico tesoro,
peinan al sol con decoro
entre nubes diamantinas.

MªAntonia

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #2 : Enero 13, 2018, 11:13:22 pm »

MUSICAL AMANECER
 
 
Límpidos arpegios, sensual guitarra,
sublimes bemoles, notas de amor
a orillas del ponto, dulce clamor
disfruto extasiado, fiebre bizarra.
 
Frágiles suspiros de Luna y Mar
fúndense a las olas, sueños, estrellas,
dosis de caricias imprimen huellas
en dos corazones y su vibrar.
 
Mágico tripudio de estuosos seres
unidos en basium y en epigrama;
música eviterna, ígnea flama;
¡génesis de nuevos amaneceres!
 
 
©®By Raúl Valdez
 
09/28/2007
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #3 : Enero 14, 2018, 02:49:00 am »

Alpha_Centaury

   
Napoleón

Aquel temprano día de octubre, mi ánimo emulaba las oscilaciones del  tiempo. Nada me provocaba una sonrisa. Nada despertaba mi llanto. Nada era capaz de arrancarme a escribir y yo, sin mi arte, no soy yo. Decidí llamar a un amigo con quien comparto esta extraña afición; era el único en mi entorno que podría comprenderla. Su veredicto fue implacable: “Enamórate. Ya. De quien sea”. Hallé sentido a su consejo, aunque jamás me había propuesto enamorarme a voluntad para dar fuego a mis letras. Siempre ha de haber una primera vez para todo, dicen.

Me acicalé, tal y como lo haría si me aguardara una cita importante con la vida. Dediqué horas de esfuerzo a estar perfecta; tenacidad indicativa de mi desesperación.

Cuando el espejo me concedió su bendición, salí a la calle… sin rumbo.

Las calles aquel día parecían estar en especial habitadas por hombres. Hombres que trabajan, corren en chándal – como si huyeran de su sombra-, sacan el perro a pasear, compran… e insultan, resguardados en la intimidad del habitáculo de sus vehículos. Pero ¿quién nació para ser el muso de mis poemas? Todos se me antojaban tan cotidianos, tan vulgares, tan… en fin, tan poco inspiradores, que no merecían mi atención.

La situación dio un giro de 180º cuando le vi. Era un chico de aspecto quijotesco, joven, algo más alto de lo deseable, flaco, de ojeras profundas y aspecto descuidado. Su mirada indicaba que su alma escondía un tesoro de rebeldía; sus manos hablaban de conspiraciones y sus cejas de terribles tormentas. Estaba en el parque, haciendo aspavientos, rodeado por niños que le contemplaban embobados.

Era un cuenta- cuentos contratado por el Ayuntamiento en pleno intento oficial de fomentar la imaginación y el arte en las nuevas generaciones.

Cuando acabó de contar la historia a los chiquillos, me permití acercarme a él para felicitarle por su expresividad, buen hacer y por la valentía que DEMOSTRABA al intentar subsistir con un trabajo así…

- El secreto es muy sencillo- confesó- se trata de convencerte de la existencia de algo maravilloso en ti. Yo, por ejemplo (y no te rías, por favor) he decidido convencerme de que soy Napoleón-.

Y, al pronunciar el nombre de Napoleón, quiso sorprenderme con el típico gesto napoleónico de ocultación de mancha en la chaqueta, acompasándolo con un rictus tenso en el rostro y un envaramiento generalizado de su espalda.

No pude evitar reírme. Él sonrió.

- Te falla la ornamentación – le chinché. También HABRÍA podido decirle que le faltaba ser gordito, bajo y cabezón, pero sentí piedad hacia su desgraciado ídolo.

- No me has entendido. Yo no he dicho que quiera parecerme a Napoleón. He dicho que voy a ser Napoleón, que ya lo era, que lo soy.

No quise profundizar más en el asunto, señal clara de que había logrado mi objetivo: enamorarme. Ya se sabe que el amor es ciego. Deliberadamente se niega a detener su atención en cualquier aspecto de la realidad que entre en discusión con sus deseos.

El noviazgo no se hizo esperar demasiado. Quitando esa pequeña excentricidad, era un muchacho normal, aficionado al cine español, al rock y a salir de farra con los amigos. No caía en hábitos excesivamente insanos, cumplía con responsabilidad las exigencias de su oficio y toleraba con paciencia las malas rachas económicas.

No era una excentricidad que se notara demasiado. Sólo se revelaba en cosas puntuales. Lucía en su dormitorio un póster de la isla de Córcega; tenía instalados en su ordenador varios juegos referentes a estrategia militar; en sus salidas ineludiblemente degustaba brandy Napoleón; se burlaba de su hermano, más aficionado al alcohol que él, apodándole “Pepe Botella”; y, cuando se le cruzaban más los cables, me escribía alguna carta de amor llamándome “Josefina”.

Yo me decía que hay un sinfín de cosas peores que hubiera podido ser y no era: político, ex presidiario, drogadicto, sádico, legionario, aficionado a las revistas pornográficas, opusdeísta, policía, enfermo, hijo único, pendón… y que el afán por manifestar una identidad que no era la suya también se da en esas ingentes cantidades de personas que usan día a día Internet para comunicarse entre ellos. Parecía, más que un mal personal, una enfermedad social. Al fin y al cabo, él no usaba su identidad “napoleónica” para engañar a nadie o para seducir, sino para infundirse fuerzas e inspirarse, para superar con valentía las dificultades. Claro, llegada a este punto, acababa aplaudiéndole y enamorándome más de él todavía por sus defectos. Típico en hembras.

Normal que acabáramos casados dos años después, el 9 de marzo del 2008. La luna de miel fue, como suponéis, en París.

Ese mismo año se matriculó en la Escuela de Idiomas para aprender francés. Mostró tal interés que en año y medio podía desenvolverse en Francia sin grandes problemas. Los viajes a Francia se multiplicaron.

Yo no me quejaba, ya que el país de la Torre Eiffel y el Sena es muy digno de recibir visitas, pero comenzaba a fastidiarme su obsesión. Una tenía ganas de conocer otros lugares y, francamente, si tanto viajábamos era porque yo aportaba mi sueldo y nos apretábamos durante meses el cinturón con idea de ahorrar… pero cedía porque ¿es ese motivo de iniciar una pelea? En lo demás me tenía contenta, muy contenta… y en todos los manuales de autoayuda sentimental, los expertos afirman que no se puede pedir a la pareja que cambie; si no se la acepta como es, es preferible cambiar de pareja, lo que quedaba a años luz de mis planes de futuro.

Hubo una ocasión en la que, algo hastiada, comenté: “Cariño, deja ya a Napoleón, él en el fondo sólo deseaba ser Julio César y éste sólo quería ser Alejandro Magno, que, a su vez, sólo quería haber figurado en La Ilíada. Dedícate a ser tú mismo”.

Él me dirigió una mirada glacial. Yo temblé. Desde aquel momento algo quedó dañado entre nosotros.

Un día llegó a casa con una sorpresa. Traía dos documentos nacionales de identidad, uno con su foto y otro con la mía. En el suyo se leía “Napoleón Bonaparte” y en el mío “Josefina Bonaparte”. Al principio creí que sería algún artículo de broma que habría encargado por ahí, mas no tardé en averiguar que había acudido primero al Registro y luego a Comisaría para “actualizar” de esa forma nuestros datos.

Como no soy tonta (o eso creo) y a duras penas asimilaba lo que estaba viendo, me presenté en ambas entidades a pedir explicaciones. En el Registro supe que nuestros apellidos seguían siendo los mismos de siempre, sólo habían cambiado nuestros nombres. Me dijeron que dudaron seriamente de la salud mental de mi marido pero, armado con su propia libertad legal y un poder notarial que le firmé, obedecieron a su insólita petición. “Hay gente para todo, ya lo sabe”- se excusaron- “acuérdese de que la religión jedi consta como religión desde el momento en que estadísticamente tiene adeptos, y los tiene. Con tanto "excéntrico" que hay suelto no mosquea que alguien quiera ser Napoleón y llamar a su señora Josefina”. Refrené las ganas de propinarle una colleja, pero fui incapaz de reprimirlas en Comisaría cuando supe que los policías, divertidísimos, llegaron a entregarle dos DNI de “mentirijilla” para que “Napoleón” fuera haciendo gala de ellos por toda España y el extranjero. Abofeteé al que me lo dijo y cabe señalar que el muy estúpido no se atrevió a quejarse.

Cuando llegué a casa, lloré, desesperada. Mi pobre y adorado marido necesitaba urgentemente tratamiento psiquiátrico. ¿Cómo iba a convencerle? Y si la cosa seguía igual o empeoraba ¿Cómo dejarle? ¿Con qué conciencia se abandona a la persona que quieres si ésta es azotada por el cruel látigo de la enfermedad mental?

Mi mente, incapaz de solucionar el dilema, hizo “crack”. Decidí ayudarle a dejar el mundo tal y como él, en el fondo, deseaba. Cuando, cansado, se tumbó en la cama y me pidió un vaso de agua, se lo llevé y me encerré con él, diciéndole “Bebe, Napoleón, ya estás en Santa Elena”. Él me miró sonriendo y bebió, convencido, como yo esperaba, de que venía a vengarme de parte de la coalición antimonárquica y que aquel vaso contenía arsénico. Falleció en el acto.

Lo siguiente que recuerdo son las blancas paredes de la clínica y los fragmentos de la noticia de la hoja de periódico que encontré, casualmente, en el suelo… “la asesina, J.B.H, considerada por sus vecinos como una mujer sensata y aficionada desde su juventud a la escritura, envenenó a su marido N.B.G, conocido cuenta- cuentos de nuestra localidad, a raíz de que una broma de su marido despertara un duro trastorno de la personalidad que ella, sin saberlo, sufría desde su nacimiento”.

Espero que escribir mi versión de los hechos me sirva de terapia.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #4 : Enero 14, 2018, 03:47:38 am »

Erial
   
Sensaciones

Te busco, no  puedes hablar.
Entiendo tu alegato indeformable,         
las horas  se escapan de tus manos;         
las mías difunden tu silueta         
-la que asciende por ciudades y arroyos-       
y desconocen de ti lo inédito,         
la curva  de tu ceja cuando te ofreces     
por completo y confías tu forma
a otro desconocido.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #5 : Enero 14, 2018, 08:43:03 pm »


LILIANA VALIDO

   
Estoy, siempre

Escucho el fuego
de su mirada
distante. Duele.
El desconsuelo
suelta sus alas.
Asoma el puente,

es espejismo.
Nuestras raíces
en el abismo,

solo silencio;
roba mis lágrimas
de madre. Emergen
huellas, recuerdos;
sangre del alma.
Contigo siempre.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #6 : Enero 14, 2018, 08:43:53 pm »


Dage

RODAR


Dime ahora, dios sin nombre,                                     
qué azarosa cumbre espera mi cansancio                     
y mi aliento.                                                               
Dime si he de morir, ¿cuántas veces?,                           
en desidias y en vacíos.                                               
Nada quiero y no me importa;                                     
sigo siendo roja piedra del camino,                               
fatigadas sus aristas                                                   
al rodar                                                                     
sin mesura cuesta abajo.                                             
Pasan rápidos los bosques, las aldeas,                         
siempre envueltos en la prisa,                                     
pues es propia del camino.                                           
En mi amarga rapidez                                                 
me retraigo y nunca acierto                                   
a mirar                                                                     
cumbres aún más distantes y elevadas.                     
Ni las veo ni me importan;                                           
sólo soy un mal pedrusco arrastrado                           
por pendientes abismales.                                           
Mis innúmeras facetas                                                 
se esculpen y se achaflanan, pues pretenden               
pulirse en geometrías similares                                     
a la esfera.                                                               


Y eternamente rodar                                                   
por las cuestas, por los cauces                                   
de los ríos que en mi vida                                           
-los milenios no me importan-                                             
he logrado cuanto menos vislumbrar.
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« Respuesta #7 : Enero 14, 2018, 08:44:48 pm »


Mac de la Torre

El no Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #8 : Enero 14, 2018, 08:46:01 pm »

altabix

Pude, pero no

Yo pude haberte amado; pero mis pasos me llevaban hacia otro lugar.
Pude haberte amado y te amé mientras  te observaba con nostalgia a medida que me alejaba.
Pude haber sido tu caricia,  los ojos que te miraran expectantes,  los labios que humedecieran tu boca.
 Tu frustración no fue peor que mi castigo,  constantemente recordando las nubes blancas bajo el cielo azul, de aquel día en que me alejé sin mirar al suelo, para que las calles que conocí contigo,  no retuvieran mis pasos.
Pude haberte amado;  pero caminaba hacia otro lugar.
El tiempo; caprichoso y perverso,  ha querido  cruzarte en mi camino.
Como dos barcos en alta mar.
Pude haberte amado, pero guardé silencio a tu paso.
No me reconociste; o sí, pero decidimos no vernos  y nos alejarnos de nuevo, como barcos que se cruzan en alta mar, que de súbito se vienen encima y de pronto de nuevo  lejos; muy lejos.
Yo pude haberte amado  como la sal está presente en la mar.
Pero ante el impulso de mi voz,  prevaleció el ahogo del deseo,  mas fui feliz.
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« Respuesta #9 : Enero 14, 2018, 08:47:10 pm »


   
Maite

Corregido en el foro Metáforas de Diana Gioia.
(c) María Teresa Aláez García. Mayte Aláez. Mtiag.Pernelle.


Comentario a una foto de (c) Juan Carlos González.

1
 Equilibrio descompensado.

La locura del cuerdo,

sensatez del inane.

Se pierden las veredas.


I

Quizás se reconstruye.

Camino a Maite.

Luna interior. Selene lógico.

Barca sin remos,

se deja fluir.


II

Crítica en el remonte

fácil de olas diarias.


Sudor marino.

Opulencia central

derrota al desahogo

del vaivén falso.


Vestir de césped.

Vuelo en cisne sin rumbo

Desbarajuste.



Mis sendas. Débil ruta.
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« Respuesta #10 : Enero 14, 2018, 08:48:04 pm »


Candela Martí

SU PRESENCIA

Olvido que me niegas, insolente,
y me postras, sin pausa, en la tortura
del constante recuerdo. Cruel hondura
en el alma, afligida y penitente.

No hay razón que acalle la agonía,
pues mil voces de besos invocados
azuzan la memoria. Demasiados
susurros me conmueven, día a día.

Cuando arribe, implacable, la inconsciencia,
en el oscuro pozo de la nada
se perderán, exhaustos, los momentos.

Mas, sentiré en mi linfa su presencia,
señora de mi albur y sentimientos,
hallándome la muerte en su ensenada.


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« Respuesta #11 : Enero 14, 2018, 08:48:49 pm »


   
AUN CUANDO

En argollas inciertas surca el humo
de un cigarrillo atado entre mis dedos.
Reflexiones prensadas de intuición
apedrean mi juicio  al detenerse,
cincelando en mi ser un rompeolas.

Circundo mi esperanza para amarte, apacible,
sensitiva, diseño tu perfil,
lo precario aparece como un mar,
magulla con su orilla pedregosa
la sensatez cargada de mi fuerza.

Sigo sola quizás si no te encuentro,
aun cuando yo te tenga frente a mí.

(Freya)
25 Abril, 2012
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #12 : Enero 14, 2018, 08:49:44 pm »


Orlando
   
A Elizabeth Benítez

       No sé qué tienen las flores,  llorona,
                           las flores del camposanto…
                           Son Istmeño

Mi señora, ¿quién te consuela?
Tus brazos se conservan huecos,
los suyos, de rígido yeso,
buscan abrazar a la tierra.

No beses el vidrio, señora,
mantén su recuerdo templado,
sin la frialdad de este cuarto,
ni la blancura de sus ropas.

Ya no le exijas ni cuestiones,
son sus labios lúgubre cirio,
impasibles, gélidos, fijos;
a tus sollozos no responden.

No me preguntes el porqué,
mi señora, lo desconozco.
La solución de tus acosos
solamente la sabe él.

Ansía mitigar tus llagas,
pero su boca permanece
sujeta a los firmes grilletes
de la Parca.

Orlando
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« Respuesta #13 : Enero 14, 2018, 08:50:40 pm »


Lady Ágata
   
Rendez-vous en la distancia

Noche serena. Claro de luna. Estoy sentada en mi cama frente a la pantalla del ordenador. He puesto una de las películas que me has enviado. Una historia más, nada especial. Hablan en castellano y me dejo arrullar por el sonido del idioma que me trae nostalgia de ti. La luz de las velas que hay en la mesilla comienza a danzar lanzando destellos voluptuosos que me hechizan, me magnetizan. La magia del fuego transforma realidad en ensueño. Te siento cerca, como si estuvieses detrás de mí, envolviéndome en tus brazos. Muevo la espalda felinamente y noto el calor de tu pecho, tu aliento dulce rozándome el cuello, sensual, pausadamente, leve aleteo de mariposa. Con frivolidad mordisqueas el lóbulo de la oreja. Emito un lánguido gemido.
Me tocas los labios, humedeces tus dedos con el jugo de mi boca introduciéndolos uno a uno; los chupo con deleite.
Desciendes la mano siguiendo contornos y curvas; con un gesto impúdico sacas mis pechos fuera del camisón de seda y los acaricias lascivamente mientras me refriegas los pezones con insistencia.
Comienzo a jadear. La respiración entrecortada se mezcla con el sonido de la película cuyos protagonistas somos ahora tú y yo.
Me convierto en espectadora de uno de nuestros encuentros: un rendez-vous en medio de la nada, una quimera en la que las escenas se suceden vertiginosamente.
Nuestros cuerpos entrelazados, fundidos en uno solo. Me penetras con vehemencia, desaforadamente, sin pausa.
La contemplación voyeurística me excita y un impulso instintivo hace que tome la mano soñada que acaricia mis senos y la desplace hacia los recovecos más recónditos que oculta el triángulo de Venus.
Abro las piernas por completo y me abandono al goce, al deleite de ser hembra… contigo.

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #14 : Enero 14, 2018, 08:51:30 pm »

Rosa



El Valor de la Palabra

Del arpegio de una palabra         
surge la luz en las tinieblas;       
la armonía rasgó las sombras,     
brunos tules de la quimera. 
Es elixir del pensamiento,             
concibe y conforma la idea;         
es, la erudición, su baluarte,                   
nívea pulcritud, su médula.       
Hemos de extremar el cuidado     
a la hora de uncir la lengua;   
donde con ominosa voz,       
alza su vacuidad siniestra,           
llegando a resentir la vida           
del que “sin ton ni son” la suelta. 
El Verbo dimana del Éter 
fiel lacayo de la belleza;   
no indómita cacofonía,
ring de insustanciales simplezas.
Narrada, melódico himno; 
ubérrimo bemol, impresa;
nunca el insufrible quebranto 
de intrascendente verborrea.   
Urdidos gracejo y donaire,   
empavesados de cautela,               
logran destilar con su hechizo     
miel de simpatías ajenas.             
La cultura nos enriquece   
con variado caudal de ideas,   
rindiendo ocasión de aducirlas 
al blandir palabras certeras . 
Las tertulias devienen trovas,     
fruto de eurítmica epopeya,             
haciendo florecer el garbo,             
ungidos orador y audiencia.         
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