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Autor Tema: Abril 2018  (Leído 39 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #15 : Abril 15, 2018, 03:45:58 am »

SEGUIDILLAS  con bordón
 



Al llegar por las noches
a mi ventana,
entreabro la puerta
si tú me cantas.

El rocío del cielo
las rosas baña,
mientras con tus canciones,
suave, me atrapas.

Bajo el dintel,
me pierdo cada noche
por tu querer.

De reojo te miro,
símil de cielo,
deseando que pronto
nazcan los besos.

Por eso desabrocho
todas las cintas
para que a mí me calen
tus seguidillas.

Bajo el dintel,
me pierdo cada noche
por tu querer.


Candela Martí
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #16 : Abril 15, 2018, 03:47:01 am »

   
MI HILVÁN


He apartado la sólida conciencia
del  acuoso designio del amor
para ir revelando solitaria
a la herida tristeza de mi sueño.
Se rasgó el entorno circundante
del racimo de flores pintado en tu vergel
y agoniza la bestia del dolor
con el áspero arresto de una vil despedida.

Indefensa reposa en mis rebordes,
la intención de mi hilván.

(Freya)
18 de noviembre 2012
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #17 : Abril 15, 2018, 03:48:49 am »


   
   
La dieta

El pasillo que daba a ese recinto sagrado de las artes culinarias, repleto de cuadros y fotografías enmarcadas, se había ido deteriorando con el paso del tiempo. ¿Qué desayunaría esta vez? No tenía ganas de preparar nada complicado. Tomó un plato hondo, vertió algunos recuerdos en él, vació leche sobre ellos y comenzó a devorarlos. Ah, qué placer le provocaba aquel suculento manjar. Tal vez por la tarde se prepararía recuerdos de la infancia en escabeche o quizá, un filete de recuerdos con camarones. Lo que su apetito le ordenara. ¡Y es que había tantas y tantas posibilidades de saborearlos! Asados, dorados, con salsa, con ensalada, con azúcar, fríos, etc., pero su forma predilecta para disfrutarlos era al natural. Sin aderezos ni condimentos que diluyeran su sabor, crudos. Sin embargo, a pesar de tan variada alimentación, su salud declinaba. Cada vez se sentía peor. Le faltaban las fuerzas para sostenerse de pie, las ganas, su voluntad flaqueaba todos los días al despertar.
     Ya tenía algún tiempo que había comenzado su riguroso régimen alimenticio, no por imposición, sino por placer. Claro que la gente come de vez en cuando una ración (regularmente con limón y sal para mejorar su sabor y facilitar la deglución) siempre necesaria, pero es por mero antojo. Comer únicamente recuerdos… ¡quién lo diría! Si tan sólo alguien le hubiera advertido que tan complicada proeza es imposible de realizar y que terminaría degradando de tal manera su vida.
   
Orlando
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