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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Agosto 2018  (Leído 1409 veces)
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #15 : Octubre 04, 2018, 06:29:52 pm »

LOS NIÑOS DEL COLOR DEL ARCO IRIS

Una mañana, en el patio de un colegio,  los niños jugaban  y tomaban su almuerzo. Era la hora del recreo.
Poco a poco, el sol iba escondiéndose entre las nubes y parecía que iba a llover. Así fue,  comenzó a llover muy fuerte. Todos los  pequeños corrían a refugiarse,  aunque algunos preferían seguir bajo la lluvia pero, claro, sus profesores no les dejaron,  y llamaron a dos de estos traviesillos, Mun y Tania.
-Venid, corred,  vamos, vamos,  que os mojáis.
Los  niños entraron refunfuñando.
Ya estaban todos dentro del colegio y miraban a través de las ventanas cómo seguía lloviendo.
Las nubes comenzaron a alejarse. En el cielo se formaba una gran puerta blanca con un hermoso arco multicolor, un arco iris.

-   Ayaaaaaaaaaaaay, Ayaaaaaaaaaaay, qué bonito.   
-   Cuántos colorines.
-   Qué puerta tan gigante, exclamaban los pequeños,  emocionados.
Contemplaban el arco iris y su gran puerta. Pidieron a los profesores que les dejaran ir  a la calle  para  poder jugar debajo de él. Los profesores pensaron que era una experiencia bonita y les permitieron marchar.
Estaban ya dentro del arco iris  y de sus  maravillosas tonalidades, cuando,   de pronto,  estos colores fueron desprendiéndose y pintando a los niños.
¡¡¡Uf, uf, madre mía!!!   A algunos niños se les puso la piel roja, naranja, amarilla, verde, azul, añil, violeta; de todos y cada uno de los colores  que habían formado el arco iris.
No sabían si reír o llorar, ni tampoco si era bueno o malo,  pero al ver que no les  dolía y seguían siendo los mismos se marcharon a sus casas contentos.
Entre los pequeños que no  fueron pintados estaban Mun y Tania.  Estos no querían acercarse a los amiguitos de color, ni jugar con ellos y estaban muy enfadados.
Al día siguiente,  todos los niños  llegaban al colegio como si nada  hubiera cambiado en su piel, pues a ellos no les importaba tenerla de un color u otro. Se sentían igual de bien que siempre.
¡Ah!, Mun y Tania no estaban felices,   ni  deseaban que ya fueran sus amigos.
Cuando llegó la hora del recreo, salieron los escolares  a jugar, juntos, como siempre unos con otros,   menos Mun y Tania que lo hacían sólo con los niños de piel blanca.
Poco después, Mun se subió al tobogán y, al ir a bajar por él, se cayó de cabeza.  Se le hicieron dos chichones en la frente, parecían dos cuernos. Anda, anda, y se estaba poniendo de color rojo como si fuera un demonio de Tasmania.
Ummmmmm, ummmmm, Mun, estaba muy asustado;   aunque todos los niños lo acariciaban e intentaban curarlo sin importarle su aspecto.
Cuando llegó a su casa, sus papás le dijeron que descansara,  que pronto se curaría.
Mun  no quería ser rojo y estuvo toda la noche despierto y entristecido. Y eso que todo el mundo lo quería aunque su piel, ahora,  tuviera otro tono y su cara fuese fea.
Casi consiguió dormirse, cuando  se le apareció un hada  blanca y radiante que vino para hablar con él.
-Mun, Mun, ¿cómo estás, pequeño?
-Estoy triste porque ya no soy guapo  ni blanco  –dijo  Mun.
-No todas las personas del mundo  pueden tener una cara bonita y un mismo color de piel pero eso no impide que vivan felices. Además,  todo el mundo los quiere  – comentó la hadita.
-Yo estoy aquí para explicarte que todas las personas de este mundo  somos iguales, tenemos los mismos sentimientos y necesitamos el cariño de los demás, y que por ello tú debes portarte bien con quien te rodee  sin tener en cuenta ni la belleza  ni el color que tengan. También, he venido por si deseas recuperar tu aspecto, el  de antes - añadió  la buena hada.
Mun quedó impresionado por la visita y por sus palabras, pero más tranquilo, así que pronto se dormiría.
Al despertar por la mañana recordaba  la  explicación que el hada  le había dado,  y se propuso  al llegar al colegio ser el mismo de siempre con todos sus compañeros.
Al terminar la clase,  se fue hacia  su casa  con varios niños de color y con Tania, iban hablando  y riendo a la vez que su cuerpo  estaba cambiando. Él no se daba cuenta porque  no se veía en el espejo, ni tampoco  le hacía sentirse diferente.
Iba a entrar a su casa,  cuando en la puerta le esperaba el hada   y ésta le saludó y le preguntó  de nuevo  cómo se encontraba. Él pensaba que aún era rojo y con cuernos pero le dijo que estaba  muy bien.
-Me alegro, me alegro mucho. ¿Ves cómo nada cambia dentro de las personas por tener una apariencia u otra? –dijo el hada.
-Si, sí, es verdad  -respondió alegremente.
El hada  fue alejándose  hasta desaparecer y Mun  recuperó su color y su cara  volvió a ser bonita.  Había aprendido la mejor lección de su vida, la de que todos los seres humanos somos iguales.
Fue un niño estupendo y de mayor una persona maravillosa  y buena.
Carende
15/09/2010
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #16 : Octubre 04, 2018, 06:31:02 pm »

Soneto de la rosa
 
  Bonita rosa que brotase ardiente
  nacida ya del sol enamorada,
  sin pensar que en locura embelesada
  se prendó el viento en ella complaciente.
 
  Su cáliz lujurioso mira a oriente
  ofreciendo rocío de alborada,
  el viento roba aromas de pasada,
  el astro rey la mira indiferente.
 
  Cada mañana ofrece su ternura
  como una ofrenda al dios del firmamento,
  Febo ignorante pasa de esta oferta,
 
  él no se fija nunca en su hermosura.
  A veces nos ocurre igual que al viento,
  nos deslumbra la luz que brilla incierta
                                               
                                                        Nardy

                                                         31-05-05
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #17 : Octubre 04, 2018, 06:32:11 pm »

El perfume de las flores.
 
Al perfume de las flores
le cantan los trovadores.
 
Tú viertes mil perlas rojas
a mi cáliz que deshojas,
yo te bebo sin congojas.
 
Armonizan los amores.
 
Rejuveneces mis cielos,
se alejan los desconsuelos
cuando me cubren tus velos.
 
Se deshacen mis temores.
 
Enredado en la ternura
de mis senos, alba pura,
entrégate sin mesura.
 
Y relucen los candores.
 
Al perfume de las flores
le cantan los trovadores,
armonizan los amores,
se deshacen mis temores
y relucen los candores.
MªAntonia
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #18 : Octubre 04, 2018, 06:32:57 pm »

BARDO TRISTEMENTE ENAMORADO


El Céfiro, sutil, en la intempesta,
tras bambalinas, entonaba un flébil
yaraví dimanante del coleto
calamitoso de una estrella azul.

El cántico sublime de la noche
descendió por montañas sollozantes,
pasando por llanuras y por ríos,
perdiéndose entre el ponto y mi sentir.

Las horas parecieron hechizadas
por el cantus solemne de la brisa.
Uniéronse a mi lloro los cocuyos.

Cubriome con su luz la blanca luna,
sabedora del rumbo de mi cáliz,
brindaba linimento a mi dolor.


Raúl Valdez

05/17/2012
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #19 : Octubre 04, 2018, 06:36:38 pm »

PADRE EN APUROS

Cuatro gorilones ribeteaban la puerta. ¿A qué tanta seguridad si sólo es una discoteca de serpientes emplumadas?, me preguntaba.

Jamás había pisado un sitio así. No por nada, sino porque no. Casi huí ante la visión del jugador de baloncesto metido a travesti; hay que tener huevos (¡!) para calzarse unos tacones de “chúpame la punta” de, al menos, 20 centímetros y ceñirse un vestido de lagarterana y una peluca con vuelo, amén de las capas de Titanlux.

Por lo demás, a primera penumbra, era un lugar normal, sólo que los hombres estaban con otros hombres, plumeando, y las mujeres con otras mujeres, bolleando, a excepción de una pareja que, imagino, era de adúlteros heterosexuales escondiéndose de entornos más comedidos en un lugar al que nadie iría a buscarles.

¿Por qué entré? Pasó lo propio, yo vivía feliz en mi mundo; un mundo en el que los hombres se ponían arriba, las mujeres abajo, la familia es una institución respetable de padre, madre, hijos, mascota y televisor; cada cual con sus roles aprendidos, sin posibilidad de equivocarse… y tal, todo en orden, hasta que un día mi dulce niña de 14 años me dijo: “Papito, soy como Safo”, “¿poetisa?”, “no, ¡lesbiana!”. ***

En rigor fue una declaración menos culta, sólo tenía 14 años  y será de ciencias, pero intento imprimirle una sonrisa a mis memorias. Pensad que ella se quedó tan a gusto después de la típica escenita de “no te preocupes, hija mía, te queremos igual”, lágrimas, besos, lágrimas… pero yo casi me caigo redondo al suelo, no sabía dónde meterme. Del pobrecito e intolerante padre nadie se apiada. Nadie.

Consulté amigos, foros, programas radiofónicos de alta madrugada, todos me decían lo mismo: has de abrir la mente, eres de otra época, fórmate, sal más a la calle, no temas comentar el tema con tu hija, la homosexualidad está en la naturaleza... ¡Puaf!

Me informé tanto que me saturé. Incluso llegué a violar su derecho a la intimidad, revisando sus conversaciones guardadas. Ojalá no las hubiera leído, tuve que ver cómo le comentaba amenamente a una amiga que “a Julia nunca se lo podré decir, temo que me rechace, es intolerante y, además, sería capaz de entrarme con preguntas morbosas sobre cómo me lo monto con mi chica, pero con Maite es distinto, porque aunque también pide detalles íntimos los pide por curiosa, de buen rollito, sin malicia, son cosas que se notan”.

Y así acabé metido en ese antro a esas horas. Mientras caminaba hacia allá sentía que todo el barrio me miraba de reojo, como si estuviera a punto de cambiarme de acera sólo con entrar ahí. Los que más pasaron de mí fueron los homos, más entretenidos en provocarse unos a otros que en criticar a ese marciano cincuentón.

Quiero destacar que las puertas de los baños estaban pintadas con los colores del arco iris… Sin comentarios.

Apenas entré, volví a salir. Asumí que hay cosas a las que uno no podrá acostumbrarse y ni siquiera podrá entenderlas, que no es bueno para los padres saberlo todo y que, más allá de categorías y barreras generacionales, soy su padre y la quiero.

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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #20 : Octubre 04, 2018, 06:37:08 pm »

Erial
   
Sensaciones


Te busco, no  puedes hablar.
Entiendo tu alegato indeformable,         
las horas  se escapan de tus manos;         
las mías difunden tu silueta         
-la que asciende por ciudades y arroyos-       
y desconocen de ti lo inédito,         
la curva  de tu ceja cuando te ofreces     
por completo y confías tu forma
a otro desconocido.
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« Respuesta #21 : Octubre 04, 2018, 06:38:17 pm »

LILIANA VALIDO


Sedienta  de sosiego

Sedienta de sosiego,
lo busco en el abismo
de las dudas. Sus velos

habitan mi memoria.
Los fantasmas regresan
del pasado y convocan

horizontes opuestos.
Anidan torbellinos
en la mente del tiempo.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #22 : Octubre 04, 2018, 06:39:22 pm »


Dage

BIOGRAFÍA FALAZ DE MARIO SAN EMETERIO


Ahora que la memoria de Mario San Emeterio empieza a enfriarse, los políticos cosmopolitas y los aburguesados incultos pretenden que vio la luz en el Paseo de Pereda, en un bello edificio con vistas a la bahía. Yo sé que no fue así. Mario debió de nacer en un Cahecho o en una Soba, alejado de la costa y de sus laxos placeres. No encontró el colegio, sino la dura piedra bajo el arado y el aburrido estío cuidando de los bóvidos en algún puerto de montaña. Se ha dicho que su primer beso fue con doña Beatriz Pereda de Velasco, pero no es cierto; mucho antes de conocerla ya se perdía prados arriba de la mano de cualquier muchacha con pantalones. La muerte de Franco le cogió con veinte años, bajando al pueblo para comprar caramelos. No le afectó, ya que en su casa no tenían televisión, y se mofaba de las historias contadas por su madre acerca de unos hombres que se echaban a los montes en espera de tiempos mejores.
   No se sabe con seguridad cuándo escribió su primer poema, puede que a los doce o a los catorce. Aquél que le dio la fama, plagado de errores acentuales e incoherencias sintácticas, fue parcialmente publicado el 28 de julio de 1973 en una esquina del Alerta. Por razones desconocidas, dejó la pluma nada más se conoció su nombre.
   Poco más puedo referir que no se haya contado. La Gran Enciclopedia de Cantabria le dedica una página entera alabando sus versos y destacando los más escabrosos detalles de su vida. Sólo una cosa se le escapa. El día en que lo mataron –yo, que estaba a unos pasos, lo vi todo- no exclamó: «¡Te despido con honores, Cantabria!». Sus palabras, más mundanas y menos dignas de figurar en una obra científica, fueron éstas: «¡Ay, amigo,  los cabrones me aguardan!»
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« Respuesta #23 : Octubre 04, 2018, 06:46:24 pm »


Mac de la Torre

El no Poeta

Pertinaz e infame hado
yo resisto tu señuelo,
¡arruina ya  mi desvelo!
Ojos en surco tostado.

Sintiéndome ruin bagazo
confina mi juicio al diestro,
si no conozco maestro,
de sabias letras ni trazo.

Como navío varado
soles conté con recelo,
cogí la pluma del suelo
en tregua con el tarado.

Arrogante, afloja el mazo,
raspa mi rostro siniestro,
tan rico convite vuestro
naciente de un novel lazo.

El guardián sutil y osado
me mostró radiante al cielo,
mira al frente con anhelo,
concluirás  roto y cansado.

Frunció la tinta un abrazo
esclava de lo que muestro,
terminé con mi secuestro;
oda libre en mi regazo.
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« Respuesta #24 : Octubre 04, 2018, 06:48:10 pm »

altabix

   
Angela

Ella se acercó a él, puso su mano derecha sobre la mejilla de Víctor,  le miraba feliz.
-Sin tus labios, regaliz tontorrón- dijo-no habría disfrutado este mal día-.
Ella amaba a otro, pero deseaba los brazos de Víctor.
Al atardecer, toda la esmerada educación que Angela había recibido, quedaba aletargada por los impulsos de su deseo. Todos los miércoles, buscaba cualquier excusa para salir unos minutos antes del trabajo. Sus compañeros intuían el objeto de sus escapadas, apenas algún comentario irónico al día siguiente.
-Deja de mirarme- le dijo ella -nunca me mires después;  te lo he dicho tantas veces ya...-
-...Que debería recordarlo, lo sé- le contestó él.
Le miraba conteniendo un golpe de ira, que hubiera estropeado quizá su furtiva relación.
-Así es- le recordó.
-Los dos sabemos- dijo él -lo que hacemos aquí, vienes y tomas lo que precisas y te quieres ir... como si nada hubieras hecho; no curo la mala consciencia-.
El silencio de Ángela, mientras acababa de peinarse, indiferente ante el espejo, que le mostraba su rostro en aquel cuarto de baño; un rostro satisfecho a la vez que molesto.
-No quiero discutir contigo- fue lo único que respondió,  conectó su teléfono móvil y lo introdujo en su bolso; salió a la calle sola, despacio.
Las ciudades,  son laboratorios en donde los demonios experimentan,  las calles ríos de caras que no deseas mirar.
Y él la abrazaba como ningún otro podría hacerlo; ella le deseaba y no quería perderle, no podría explicar sin embargo, la desazón  que le provocaba, entregarse así,  a la naturaleza más animal de sí misma.
Volvía a casa; como todos los miércoles, algo más tarde de lo habitual con su sonrisa y su personalidad adusta y centrada.
-¡Ricardo!- llamó nada más entrar.
-Estoy en la cocina- la voz de Ricardo guió sus pasos y fue hasta la cocina; le abrazó.
-Te quiero- le dijo.
Él se sintió feliz y amado, la abrazó y le dijo cuanto le amaba él también.
Ella le miraba; le miraba a los ojos y él no veía en los de ella  nada extraño, salvo a una mujer que decía amarle.
-Si supieras- pensaba ella,  mientras su sonrisa acariciaba la mirada de Ricardo. -si lo supieras....
Ricardo volvió al asunto que le ocupaba,  ella le observaba; desde hacía días que quería contarle lo que ocultaba, pero el miedo, la pereza, el acomodamiento y el interés lo impedían.
Al cabo de unos minutos,  Angela abandonó la habitación,  estaba ansiosa y meditabunda.  ¿Serviría de algo confesar su infidelidad, cuando jamás abandonaría a Ricardo a cambio de un semental?.
Convencida de que Ricardo no entendería nada,  que no podría entender que ella, le amara hasta sufrir. Cada noche de miércoles agonizaba bajo el techo de su casa, cubierta por las mantas y delante del espejo.
-¿Te preocupa algo?- Ricardo la observaba y se acercó a ella.
-No, el trabajo.
-Entonces déjalo para mañana.
-Sí- sonrió Angela -mañana quizá será mejor.
« Última modificación: Octubre 04, 2018, 07:19:27 pm por María Teresa Inés Aláez García » En línea

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« Respuesta #25 : Octubre 04, 2018, 07:00:08 pm »


¿Dónde estás, dulce sombra?

¿A qué rincón diriges
tus pasos escarlata?
¿Te ocultas, vampiresa
de los ojos fugaces?
No permitas el goce peculiar de un verdugo.
Acude y descoloca
tu frontis gentil en un lapsus.


Quédate, ¡oh, luz frágil con élitros umbríos!

No cedas el fulgor de tus surcos mimbrosos.

Los halos de la noche necesitan tu piel,

ímpetu en la mirada y tu estirpe de brumas.


¡Retorna al fin! Los aires crujen entre mis venas.

Las lágrimas sin vida se mudan en  carámbanos;

rompen el corazón sumiendo en los suplicios

al fiel y oculto entorno de mi débil espíritu.


¡Hazme vivir ahora la ira de tu bilis!

Con arrojos azules de tus pasos perdidos

me  seas retornada, vestal, a mis infiernos.


(c) Maria Teresa Aláez García. Mayte Aláez.
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« Respuesta #26 : Octubre 04, 2018, 07:15:02 pm »


Candela Martí



BATALLANDO


Desoigo dulces voces intrigantes
si al ocaso me lanzan de la vida,
memoria ya desértica y vencida,
pues los pulsos se mueven tal que antes.

Mil sueños y quimeras incesantes
me presiden el alma incomprendida,
mimosa por los años colorida,
con frutos de  vigor y fe constantes.

Se transforman, con juncias olorosas,
los bordes de mis ríos en reductos
serenos  y vitales, cual comando

diluyente de noches silenciosas.
No estoy, aún, en tiempo de usufructos
y sigo en pie, guerrera  y batallando.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #27 : Octubre 04, 2018, 07:16:44 pm »


cielo claro

   
SALDO FINAL

Deshabitada, como el desliz breve
del saldo final
de una ilusión sin compromiso,
en ese recodo me siento
estando lejos de tu geografía.

 (Freya)
1º de Abril 2012.
« Última modificación: Octubre 04, 2018, 07:18:15 pm por María Teresa Inés Aláez García » En línea

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« Respuesta #28 : Octubre 04, 2018, 07:20:48 pm »

Orlando

Conformismo



Hoy sigo el trazo del tiempo
en esta negrura amarga.
Ignoro si él conduce
los pensamientos que andan
buscando asir tu memoria.
Tu ausencia se vuelve llaga.
Me siento oscuro, distante
de tus manos nacaradas,
de los ríos de tu pelo,
de los sotos de tu alma;
separados por la noche
que nos mira, llora y calla.
El consuelo lo descubro
en la frágil luna blanca,
al mirar en su interior,
aunque sea en su luz pálida,
aunque sea un espejismo,
aunque sea ilusión vaga,
el reflejo inconfundible
de tu cara.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #29 : Octubre 04, 2018, 07:43:40 pm »


Lady Ágata

   
Rendez-vous en la distancia

Noche serena. Claro de luna. Estoy sentada en mi cama frente a la pantalla del ordenador. He puesto una de las películas que me has enviado. Una historia más, nada especial. Hablan en castellano y me dejo arrullar por el sonido del idioma que me trae nostalgia de ti. La luz de las velas que hay en la mesilla comienza a danzar lanzando destellos voluptuosos que me hechizan, me magnetizan. La magia del fuego transforma realidad en ensueño. Te siento cerca, como si estuvieses detrás de mí, envolviéndome en tus brazos. Muevo la espalda felinamente y noto el calor de tu pecho, tu aliento dulce rozándome el cuello, sensual, pausadamente, leve aleteo de mariposa. Con frivolidad mordisqueas el lóbulo de la oreja. Emito un lánguido gemido.
Me tocas los labios, humedeces tus dedos con el jugo de mi boca introduciéndolos uno a uno; los chupo con deleite.
Desciendes la mano siguiendo contornos y curvas; con un gesto impúdico sacas mis pechos fuera del camisón de seda y los acaricias lascivamente mientras me refriegas los pezones con insistencia.
Comienzo a jadear. La respiración entrecortada se mezcla con el sonido de la película cuyos protagonistas somos ahora tú y yo.
Me convierto en espectadora de uno de nuestros encuentros: un rendez-vous en medio de la nada, una quimera en la que las escenas se suceden vertiginosamente.
Nuestros cuerpos entrelazados, fundidos en uno solo. Me penetras con vehemencia, desaforadamente, sin pausa.
La contemplación voyeurística me excita y un impulso instintivo hace que tome la mano soñada que acaricia mis senos y la desplace hacia los recovecos más recónditos que oculta el triángulo de Venus.
Abro las piernas por completo y me abandono al goce, al deleite de ser hembra… contigo.
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