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Ricard. In memoriam, 7 de agosto de 2009.
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Autor Tema: Agosto 2018  (Leído 243 veces)
0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.
María Teresa Inés Aláez García
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« : Agosto 03, 2018, 12:56:30 am »

Candela Martí

Y SIGO AQUÍ 


Me dañan tus silencios, uncidos a mis manos,
penitencias oscuras rasgándome la piel,
al besar, insistentes, mis supinas nostalgias
y vestirme de negro, sin futuro ni luz.

Rememoro tus labios, en húmedas caricias,
en las tardes menguadas de mis meses de invierno .
Y sigo, aquí, en mi mundo, soñando que me sueñas,
percibiendo  la vida como trova fugaz.

Si en la noche pudiera eludir los pesares,
tiñendo de alborozo mi penúltima etapa,
cincelaría el aire de jazmines y rosas,
con la ilusión sujeta a tu casual retorno.
Mas sigo, aquí, callada, ceniza de tu lumbre,
confiando que, pronto, me regrese tu voz.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #1 : Agosto 03, 2018, 01:04:52 am »

   
HOY

Hoy recaudo el afán,
la caricia innegable,
el beso posesivo
y la intención por sacudir
la apacible metamorfosis.

Hoy descubro la calma coherente,
y al amanecer, la sonrisa
permuta
una paz melodiosa.

(Freya)
18 de Abril, 2012
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #2 : Agosto 03, 2018, 01:05:56 am »

   
Miedo

Intento levantar
las piezas de mi máscara,
inmóvil
efigie
de sal que me enmudece.
Apenas
mis dedos
las tocan, son ceniza,
jirones inasibles
de polvo.
No quiero
salir.
El mundo, donde impera
la moral de los seres
de barro,
aún no es seguro.


Orlando
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #3 : Agosto 03, 2018, 01:07:07 am »

Lady Ágata
   
Crisálida de amargura

Hablando de soledades,
de mentiras y silencios:
cicuta de las palabras,
trueque en rencor del deseo.

Aguijones aborribles
desbaratan mi cerebro,
emponzoñan las ideas,
envilecen los afectos.

Aquél que a base de engaños
te aniquila por completo,
ese indigno mentiroso,
nunca será hombre bueno.

Rota, sin voz y marchita
muy lentamente fenezco,
crisálida de amargura
del que causó mi lamento.

Su egocentrismo disculpo.
En fútil busca de sexo,
ignora que las mujeres
son más que un gentil objeto
para obsequiarse un alivio
como simple vertedero.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #4 : Agosto 03, 2018, 01:07:56 am »

El Aliento de las Hadas

Abstraída en ignotas dimensiones   
rozo el místico efluvio de las hadas,   
suave céfiro, estela de ilusiones,     
oscilando en la luz de sus miradas.
En tenue crepitar, sus corazones 
entonan, hechiceros, mil baladas;       
disfrute de armonía, prez al viento,         
un tañido en la flor del sentimiento.


Rosa (2/9/2011)
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #5 : Agosto 03, 2018, 01:09:22 am »

http://www.metaforas.com.es/diana-gioia/versos-blancos/15-16culmendecadas/

(15-16)Culmen/Décadas
© 2015 A.Emma Sopeña Balordi

Esplendor ISBN: 978-15-0888-438-5



 

CULMEN
Date prisa, me entibio
y los besos remotos se diluyen
en lágrimas huidizas.
Apresúrate y trae
el culmen insaciable,
tu Esplendor en la Hierba.
 



 

DÉCADAS
 

Ven. Acaricia mis sentidos. Víbrame.
No dejes ni un milímetro de tregua.
Sólo tu voz no nutre la demora,
ni tu imagen estática el vacío.
Si conjugas tu piel con mi pulsión,
si tus ojos respiran con los míos,
colmaremos las décadas errantes.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #6 : Octubre 04, 2018, 06:18:10 pm »

   
SONETOS AGITANADOS (II) A Carende

Gitana desgraciá, ¡mardita andoba!
Despierta, soy zaché en la oroscaña
de tu drupó rechipotí, tacaña.
¡Anima con bellopios nuestra alcoba!

-¡Mi bien, tira pracó a la joroba
de achares y pelusas! Si te apaña,
será eternamente tu compaña
mi rují, padrenuestro de tu loba.

Rocío, ya tendida en la frailera,
redime sus angustias bajo el peso
de Nico,  pesadumbre de cordura.

Dejaron los calés la coctelera
vacía de pimienta, sólo un beso
enviudando la fértil hermosura.

augustus

GLOSARIO
Bellopio, meneo
brijilí, corazón
drupó, cuerpo
pracó, polvo
Rechipotí, desnudo
rují, rosa
oroscaña, vereda
zaché, feliz.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #7 : Octubre 04, 2018, 06:19:25 pm »

Albadiosa

Frenesí en la rutina


Nada nuevo. Total contemplación
de tu figura azul y tus contornos,
en donde se deleitan y amanecen
los sueños sumergidos en tu torso.

A su usanza el paisaje se camufla
en la sombra celeste de tus ojos,
en tu piel de breñal adormecido
y en mi maravillado amor estólido.

Siempre así. Las palabras se hipnotizan,
se embelesan y emboban en tus opios
con una mansedumbre acorazada
en estambres y pétalos de lotos.

Es increíble. Tanto frenesí
entre dos corazones tan monótonos.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #8 : Octubre 04, 2018, 06:20:18 pm »

COLAPSO

Marcha el mundo veloz, a la deriva,
perdiendo la costumbre del abrazo,
al borde del colapso,
con el peso común de la desdicha.
La palabra perdida
en oscuros abismos de retrasos.
Seres inanimados,
mirándose en espejos de mentira.

Peregrinos confusos,
dibujantes de flor sin colorido,
hacedores de mugre y lodazal.
Jinetes sin futuro
galopando en maldades, sin respiro,
y manchan inocencias al azar.

María Bote
15 – 11 - 2014
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« Respuesta #9 : Octubre 04, 2018, 06:21:08 pm »

Un Junio Diferente

Tempranito en la mañana
cuando me asomo al espejo
es diferente el reflejo
de mi faz de porcelana.

Se escaparon los rubores,
el tiempo labró sus cauces.
La frescura de los sauces
niega su magia y fulgores.

Se desprenden, con apuro,
las hojas del calendario,
hacia el vergel  milenario
pongo proa, me aventuro.

En mi cara dos estrellas
con el brillo de la luna
no olvidarán la fortuna
de las vías  con mis huellas.

Y en un junio diferente
emprendo  angosto camino,
enfrentaré mi destino
cubierta por luna argente.

Gisela Cueto Lacomba
25 de Junio del 2011
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« Respuesta #10 : Octubre 04, 2018, 06:22:18 pm »


Wella
   
Brindis

Un brindis por el hombre que se marcha,
desea la aventura, el devaneo.
¡Salud!  ante la copa, ron y escarcha;
lloré en imperceptible pestañeo.

"Ya no duele" -mentí, dulce mentira-,
añoro su pasión, su afán impío.
Sabio, el tiempo transforma en paz la ira;
mi inesperada angustia, en desafío.

"Cerrar puertas" -valioso aquel consejo-,
lo asumo, reincidir no viene al caso.
Él adorna de embustes su cortejo,
en síndrome de burla y de fracaso.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #11 : Octubre 04, 2018, 06:23:22 pm »

EN LA ARENA (Triolet)

Despertó, bravío, el viento,
a mi dermis besa, ardiente,
y un susurro lame, cruento.
Despertó, bravío, el viento,
se desvela el ojo atento
al leer tu carta hiriente.
Despertó, bravío, el viento,
a mi dermis besa, ardiente.

mariaValente
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« Respuesta #12 : Octubre 04, 2018, 06:24:23 pm »


Irene

RECUERDOS DE UNA BRIZNA


Me inundaba tu aroma
de princesa cautiva
en aires de un ensueño.


Me inundaba tu ritmo
en agros de laúd
como lapsus de amor.


Me inundaba tu aura,
el querer triste y vil
de tu débil volumen.
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« Respuesta #13 : Octubre 04, 2018, 06:25:31 pm »


Adiós con arcángeles y demonios

                                               a Ricard Monforte, maestro.

Son tejidos dolientes las horas del afecto,
inmortales esencias, pesadumbres del alma,
clamores del espíritu manando su dialecto
improntas de infinito, agobios de la calma.

Quisiera ver ahíta la urna del instante,
el caz de sus principios, matices de su ciencia,
las luces del vocablo, el verso desbordante,
como cofre de honra a su invicta indulgencia.

Devuélvenos, Cibeles, los parnasos perdidos,
los bosques, las llanuras, colinas del saber,
en soplos del crepúsculo, los errantes sonidos,
el eco de los pájaros rapsodas del ayer.

Reclamemos de Apolo olímpicas visiones,
las coplas animadas, la perenne canción;
arránquenos —no fluyan sufridas emociones—
el cuchillo sepulto del frágil corazón.

Cuán piadosas las musas emergen desoladas,
inextinguibles voces del sórdido jardín,
los lirios de las cúspides, sus trémulas espadas,
aromas constelados de un nocturno jazmín.

Retornen del destierro los debates profundos,
serenas empatías, horas de plenitud,
arcángeles gimientes y demonios jocundos,
unidos al adiós cantando gratitud.

Calendo
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #14 : Octubre 04, 2018, 06:28:32 pm »

ojaldeb

¡Vaya nochecita!


“Vaya nochecita, ¿qué hora será? a ver…  las cuatro, ¡joder! me acosté a las doce… dos, tres, cuatro, cinco... cinco horas dando vueltas, mi cabeza, qué dolor, una aspirina, y ésta, mírala, osa, vaya forma de roncar, cásate para esto, qué le importo yo a esta osa, a nadie le importo, a nadie... la cabeza me va a reventar, qué oscuro, se debe de haber ido la luz de la calle, no se ve nada, y este miedo, ¿me estará rondando alguna depresión de ésas?, será mejor que me levante un rato, ¡hostia!, el terrazo, qué frío, ¿y las zapatillas?, la luz, ¿y si se despierta... la osa?, cualquiera da la luz, luego se pone como una fiera, menudo despertar tiene la señora, vaya genio, ¿y las zapatillas?, debajo de la cama… sí, aquí están, el aire, cómo silba, del norte, cuando silba viene del norte, ¡qué frío!, anda que el que tenga que dormir en la calle… qué frío… y qué miedo, pobre gente, ¡hala!, aquí te quedas, la cama para ti sola, ronca hasta... ¡la puerta!, ¡mierda!, por poco me la trago, ¡puta osa! mira que le tengo dicho que no la cierre y nada, ella como si nada, ni puto caso… broncas, sólo sabe darme broncas, menudo genio, qué oscuro, cada día veo menos, complicaciones, todo son complicaciones, y ahora sin trabajo, ¿dónde voy yo con cincuenta y cinco años, Don Raúl, dónde?, y encima descangayado, desde que tuve el accidente, descangayado, y él: ustedes los obreros no se hacen cargo, la empresa va mal, muy mal, no hay dinero para pagar tanta nómina, ¿no hay dinero?, ¡cabrones!, ¿y yo?, después de cuarenta años…, ¿no hay dinero?, ¿ahora, adónde voy?, ¿adónde?, la empresa va mal… ¡hijos de…!, a ellos qué coño les importa, ¿que me he dejado la salud allí para ellos?… eso no importa, ellos buenos chalets, buenos coches, ¡joder!, buenas mujeres … ahora no hay aspirinas, ¿y esto…?, frenad… qué más da, con que calme el dolor... agua, hala, para adentro, ¿y ahora qué?, la cama, no tengo sueño, ni pizca… el ordenador, el cuento empezado, la cabeza, a ver si me ocurre algo o me revienta la cabeza, ¡mierda!, otra vez el botón, todo está mal, ¡mal!, hasta el ordenador está mal, ni arranca, ¡joder!, puto ordenador, ¡arranca! arran… a ver… botón de mierda… ¡sí, sí, ya SE enciende!, menos mal, a esos se les pone en los cojones y te dejan en la calle, si hubieran aguantado unos añitos más, cinco más, hasta los sesenta o así, luego el paro y la jubilación y…  nadie da trabajo a un viejo, un viejo descangayado… ¿dónde está el cuento…?, estaba por aquí… ¡aquí!, me parece que es éste, abrir, ¡sí, es éste! me había quedado…”


    La ambulancia se va con la pareja. Él lleva puesta la máscara de oxigeno y una botella de suero en la vena; tiene los ojos cerrados y el pecho apenas se le mueve ya. Ella, que va sentada al lado de la camilla, se asusta; mira al enfermero: -¡Ya casi no respira, mi marido se muere, se muere.


      “Se muere, se muere, ¡muerte!, sólo se me ocurre escribir sobre la muerte, de gente que muere, pero… si es que no hay otra, es la realidad, la realidad es muerte, muerte por todos los lados, en los periódicos, en la televisión, mierda y muerte… joder cómo estoy, en mínimos, más hundido que... hecho un asco, un asco, ¿qué es esto? lo del huevo y la gallina, ¿estoy así porque escribo sobre la muerte o escribo sobre la muerte porque estoy así, el que escribe es víctima de lo que escribe, ¿quién lo dijo?, ¿dónde lo leí?, eso o más o menos eso, el marido se muere y… ¡y qué!, ¿qué pasa?, uno se muere y ya está, ¡ya está!, para vivir así… si no fuera porque morir duele, tiene que doler, qué bien el que muere en un quirófano, sedado, inconsciente, sin darse cuenta de nada, sin dolor, sin dolor yo firmaba ahora mismo, ahora mismo, ¡joder!, ¿y una pistola?, un tiro, ¡pum!, te apoyas bien la bocacha en la sien y hala, ¡pum!, uno dos y tres y ¡pum!, todo seguido, unodosytres, sin parar, acaba uno de sufrir, a la mierda la realidad, la vida, ¡pum! todo…pero a ver dónde consigue uno una pistola, ¡joder!, ¿y si no te matas?, y si la bala… o la pistola… yo que sé, ¡que falle algo!, si no te matas y te quedas tonto o como un vegetal, ¡joder!, con la suerte que tengo… quita, quita, lo mismo me quedo tonto o más tonto, tonto perdío, tonto a secas ya lo estoy, pero… para qué pensar, porque a ver,  ¿dónde consigo yo una pistola?, ¡qué va!, imposible, cualquiera va por ahí buscando una pistola, qué miedo, en menudos ambientes me tendría que meter, además, menudo susto para la osa cuando me encontrara ahí, las paredes llenas de… ¿qué pasa con la ambulancia?”


    Un bache revienta una de las ruedas de la ambulancia, derrapa, se va contra un camión que venía en dirección contraria y... 
       

     “¡Hala!, la mujer, el marido, los enfermeros, el conductor, unos cuantos que pasaban por allí, ¡todos!, muertos, finito, kaput, el cuento terminado, ¡ay!, mi espalda, cómo me duele la espalda, me queda lo peor, lo peor, puta vida, mis huesos, a ver cuándo llega el veranito, sudas, te acuestas empelotas y con las ventanas abiertas y ya está, y la osa… también medio empelotas, ¡quita!, ¡guarro!, mírale, igualito que las bestias, a mí no te arrimes, guarro, siempre estás pensando en lo mismo, ¡la vieja!, que pienso en lo mismo dice, cómo que en lo mismo, vieja, pienso en lo único, ¡lo único! ¿hay algo mejor que la jodienda?, antes, algunas veces se animaba y… pocas veces, pocas, pero… ¿cuánto tiempo hará que…?, ¡ahuuuuu!, ni se sabe, aunque… para qué nos vamos a engañar, tampoco está uno ya para excesos, pero de vez en cuando… un polvo de vez en cuando, sí me gustaría, sí, ¿y si le comprara uno de esos picardías rojos y se lo regalara?, cariño, toma un regalito, esta noche… ¡no! ¡quita! menudo genio tiene, ésta es capaz de coger un cuchillo de la cocina y castrarme, menudo genio, hace frío, a ver si ahora me constipo… lo que me faltaba, la mantita de cuadros, ¿dónde…?, ahí está, la mantita, pica un poco pero abriga, el cuento”


      La esposa está sentada al lado de la camilla, y lleva puesta por encima una mantita de cuadros blancos y negros.


      “¡No!, mejor un poco de sexo, ¡sexo!, mejor sexo que muerte, anda que si tuviera que escribir en un papel iba listo, aquí es fácil, borrar y escribir, eliminar y escribir, eliminar y…”


     La esposa, que está sentada al lado de la camilla, lleva puesta por encima una mantita de cuadros blancos y grises, debajo se le ve un picardías negro, de seda, con encajes; el mismo que él no dejó que se quitara ella, antes, cuando los dos hacían el amor. ¡Déjatelo puesto, cari, me excita mucho! Y ella no se lo quitó. Hacía media hora que al marido le dio el ahogo y perdió el conocimiento... Le pilló afanándose, encima de ella, que como pudo se lo sacó y lo echó a un lado de la cama. Intentó reanimarle con palmaditas en la cara, ¡Cari, cari!, ¿qué te pasa?, ¡ay, Dios! Al ver que no respondía, la mujer se tiró de la cama y pidió una ambulancia por teléfono, mientras llegaba siguió intentando la reanimación. ¡Cari, cari, vuelve, ay, por favor! La ambulancia no tardó en llegar. Y si uno de los enfermeros no mira a la mujer como si se la fuera a comer, ella no se habría dado cuenta de que estaba medio desnuda. Con las prisas sólo le dio tiempo a ponerse lo primero que encontró: una mantita de lana, con cuadros blancos y negros; la que ahora llevaba encima de sus hombros desnudos...

        — ¡Ahhhhh!, qué sueño,  ¿eh…?, ¿qué haces levantada?

         — A por una aspirina.

         — ¿Una aspirina?

         — La ciática.

         — ¿La ciática?, pues bien que roncabas hace un rato.

         — Ha sido de repente, me ha empezado a bajar un dolorcillo por       aquí, por la pierna abajo.

         —Es el tiempo, el frío, el aire.

         — ¿Y tú, que haces?

         — Aquí, terminando una tontería.

         —Ya, ya; llevo un ratito, y he leído algo por encima de tu hombro.

         — ¿Y…?

         —Está bien; venga, vente a la cama, hace frío y vas a enfermar.
 
         —Ahora, ahora; vete tú, ¡eh!, ¿qué haces?

         — Ven a la cama, tonto, ¿quieres?

         — ¡Vaya!, ¿y esto?

         — ¿Quieres?

         — ¿Y tu ciática?

         — Eso ya se me pasará con la aspirina.

         — ¿Te apetece hacerlo?

         — ¿Y a ti?

         —Es que ahora…la verdad, tengo sueño y…

         —A mí tampoco.

         —Entonces lo dejamos para mañana.

         —Como quieras, así me...

         — ¿Qué has dicho?

         —No, nada, nada; que sí, que mejor lo dejamos para mañana.

         —Vale, voy a terminar esto.

         — ¿Te espero?

         —No, tú vete a la cama, hace frío, enseguida voy yo.

         —Y tápate que vas a coger frío, ¡Ay!, me voy, no tardes.

 
         “Pobre, ella también tiene sus achaques, muchos. ¡En fin! a ver cómo termino esto”

 
         Cuando la ambulancia va llegando al hospital, el joven, poco a poco, abre los ojos. Quiere mover la mano y hace un gesto de dolor, sigue, con la vista, el tubo del suero hasta la botella. Mira a su esposa.

         —Cari, menos mal, ¿qué tal te encuentras?

         —Bien, ya estoy mucho mejor, no te preocupes —dice él con un chorrillo de voz, y sonríe algo.

         Ella también sonríe, y le coge la mano, y se la besa, y ya casi se ríe, y le vuelve a besar la mano, una y otra vez.  Él sigue mirándola. Aunque intenta sonreír, su mirada es como la de los conejos que venden en las carnicerías. Los ojos de la mujer son tan verdes como un prado, el prado más verde;  brillan, pero de alegres. ¡Se va a recuperar, se va a recuperar! 

       
          “Listo, a guardar, cerrar, apagar y... a la camita”.


         — ¿Vienes?, qué hombre éste!, ¿vienes o no?

         —¡Enseguida voy, mujer, acabo de apagar el ordenador!

         —Venga, ven y abrázame; por lo menos, ya que no quieres…

         — ¿Que no?, aquí estoy.

         — ¡Huy!, qué fríos tienes los pies.

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