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Autor Tema: Octubre 2018  (Leído 428 veces)
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #30 : Noviembre 02, 2018, 07:44:47 pm »

Y ENTRE MORDISCOS


Anunció, vacilante, un pugilista:
“Más que a sus puños, temo a su mordisco.
Encaro al fabuloso basilisco,
si a Tyson lo remiten al dentista.”

Sonriente, preguntaba un periodista:
“¿Tendrás como orejera un malvavisco?”
Mirole el púgil como un gato arisco
queriendo sacudir a aquel bromista.

“Ojalá y no le falte el desayuno.”
Dice el bóxer en medio del sainete,
“plátano, arroz, frijoles o lentejas.”

Decían los envites, quince a uno.
El dinero volaba cual cohete…
Por la lona rodaron dos orejas.


Raúl Valdez

05/06/2011
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #31 : Noviembre 02, 2018, 07:45:49 pm »

Alpha_Centaury

Simulo existencia

Simulo existencia
al beber la sangre de la luna.
Duermo cuando los hijos del sol
disputan su jornal.
Rapto fantasmas y, a veces,
me implico en luchas inasibles.

Otros vivirán mientras sueño mi biografía.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #32 : Noviembre 02, 2018, 07:46:54 pm »

Erial


La calle del Cabrito

Pequeña , soy mínima, muda, casi invisible. No tengo recuerdos de mi vida anterior, no sé quién fui. En mi cabeza sólo habitan sus voces retumbando como en un eco interminable.
Todo era culpa mía, mi forma de ser, mi modo de vestir, mis palabras inadecuadas. A pesar del paso del tiempo no supe corregirme . Por todo ello, me encuentro en esta situación, sin salida, sin escape. Donde quiera que esté, él estará presente.

“ Podemos ayudarte”. Sus palabras no eran  diferentes a tantas otras.
Levanté la cabeza, en sus ojos  se veía algo más, una luz que sí parecía tener salida.  Alivio, eso sentí, sus pupilas mecían las mías. Aunque mi primera respuesta fue “no, dejadme en paz”.
Con cierta reserva, acepté  a tener un nuevo encuentro donde expondrían su modo de trabajar.

Acudí a la cita asustada, sin la certeza de para qué, ni con quién estaba citada, si era hombre o mujer, o ambos. Sólo sabía que su mirada sí era sincera, que creían en lo que decían, y su mensaje “ Podemos ayudarte” era real.
A día de hoy, no consigo recordar todas sus explicaciones, qué palabras usaron;  poco a poco me convencieron, de lo único que estoy segura es de la sensación. Me estaban regalando la libertad.  Sí, decidí tomarla, de cualquier modo apostaría por ella.

Tuvo que pasar mucho tiempo, yo era una mala alumna y me costó bastante aprender; las prácticas de interpretación parecían salir perfectas en los ensayos, después, llevadas a la práctica dejaban mucho que desear. En lo que sí tuve cierto triunfo fue en el manejo de los narcóticos y, extrañamente, tenía una puntería infalible.  Muy despacio, iba adquiriendo otras habilidades, el mejor resultado de todos fue que él me creía por completo aniquilada.

Según ellos, mis libertadores, ya estaba preparada para finalizar la tarea, y así lo creí.
Quise ser benevolente, piadosa, esperé que fuera un domingo,  él estaba más guapo que nunca. Salió de casa como siempre, dando un portazo después de llamarme “gorda de mierda”, yo saqué el bolso que ya tenía preparado en el armario, me quité la bata, y me calcé los mismos zapatos que llevaba la última vez al ingresar en el hospital, allí me llevaron rota, y ellos me compondrían para siempre. Dejé el televisor  en marcha, la luz del comedor encendida, y la olla expres silbando.  Con todo sigilo junté la puerta, bajando despacito las escaleras, en poco menos de veinte minutos estaría en el lugar escogido.


La calle estaba muy concurrida, bares, pubs y  sombríos garitos  inundaban el barrio, fácilmente lo distinguí entre los demás, esperé, no tardó en salir, subía  por la calle hasta llegar a un  callejón: calle del Cabrito,  como siempre, estaba a oscuras; era el sitio idóneo, y allí  de un certero disparo, lo abatí, cayó a plomo, su pobre cabecita no resistió el impacto.  Respiré, en muy poco tiempo estaba en casa,  cerré despacio la puerta, y la volví a abrir escandalosamente, a la vez que pulsaba el timbre de mi vecina,
Un poco de sal, eso fue lo que me llevó a llamar a su puerta, ella muy amable me la dio,  a la vez que me decía, “no te preocupes, la sal no se devuelve”; muchas gracias, de ningún modo podría devolverte el favor.
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #33 : Noviembre 02, 2018, 07:48:13 pm »

La vida lo dice

Los límites del tiempo
esconden tras sus muros
los peldaños de vida

entre lágrimas mudas.
Los sueños sin destino
anochecen, se ocultan

del reloj. Instrumento
silencioso, profundo,
fuente de la agonía.
   
Liliana Valido
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María Teresa Inés Aláez García
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« Respuesta #34 : Noviembre 02, 2018, 07:50:31 pm »

Dage
   
   
Una traición


   Todo lo que en el mundo poseía
   era una habitación y su gatito.

   ¡Siquiera imaginaba alguna dicha
   diferente a su juego y su cuidado!

   Encendida la tele,  en el sofá,
   el chiquito maullaba en su regazo.

   "¡Mi pequeño!, ¡criatura!, ¿ves tu estrella?,
   ¡de mi noche borró la oscuridad!"

   (Un dulce amanecer de primavera
   sumida en la basura la encontraron;

   consagrada al hambriento, su animal,
   herido el vientre, dábase a su gato).
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