METÁFORAS

Homenaje al Quijote



Siete sonetos de Augustus para un Quijote

I

Flor de azafrán, espigas y corolas.
Viñedos, luz de luz y girasoles.
Labriega sonatina de arreboles
y el encinar soñando caracolas.

Meseta Sur bañada por las olas
del trino ruiseñor y los bemoles
del canto campesino entre dos soles,
con pan de hoz y sangre de amapolas.

Gañanes, manijeros y doncellas:
solemne sinfonía del granero
escrita en pentagrama de amargura.

Y el sol allá, unciendo las más bellas
estampas del amor y el semillero
para vestir de gala la llanura.


II

Verso a verso, pastor, en tu cabaña,
ensueñas con artuñas y primales.
Sus cálidos balidos matinales
prendidos en la cruz de la espadaña.

La Mancha en tu retina: flor de España.
Milagro verdinal de los eriales
en cánticos a diosas celestiales
del agua, del barbecho y la cizaña.

Te espera en el redil la voz del orto
y larga caminata hasta la loma
donde sentirte pasto de la brisa.

El can y tu ilusión, a paso corto,
seréis agua de luz, frágil paloma
hollando el contraluz de una sonrisa.


III

Segadores de mieses, campesinos;
ilustre sacerdocio vuestro anhelo
de convertir la hoz y el surco en cielo
de reyes y de humildes peregrinos.

El pan de Dios por trochas y caminos
de la ansiedad, el hambre y el desvelo.
Razón de paz, de dicha y de recelo
del viento pertinaz en los molinos.

Escrito está en la luz de los trigales
el nombre de braceros y doncellas
multiplicando el sol en las espigas,

Manchego, trovador de los eriales,
escucha en el rumor de las estrellas
un cántico de amor por tus fatigas.


IV

Ya brilla en dura cepa el pensamiento
de la pagana brisa mañanera
mimando la dorada borrachera
de luz en el camino y el sarmiento.

Brillante el sol agita el sentimiento
de la moza feliz valdepeñera,
mano alegre cortando con tijera
la dulce malvasía, son de adviento.

Y entre vides y coplas lugareñas
se excita en el codal la fantasía
de ser cepón risueño en la llanura.

El líquido susurro en las aceñas
recuerda un dulce canto de alegría
llenando los toneles de ventura.


V

Gruñe el aspa y la sombra del destino
proyecta en el barbecho la esperanza.
A la cola del aire, la bonanza;
en cabeza del viento, el remolino.

Milagro insuperable del molino,
convierte el largo surco de labranza
en pan de luz, fortuna y alabanza
surgidos del esfuerzo campesino.

Al lírico compás de la molienda
la alegre molinera tiende tules
sobre el sueño feliz del dulce beso.

No hay nadie en el molino que la entienda.
Ella sabe de líricos azules.
La muela sigue, terca, su proceso.


VI

El ocre y la alegría del viñedo,
la casa solariega allá en la loma;
el perdigón, la liebre, la paloma …
y el cierzo, en el breñal, rezando un credo.

La Mancha en tres palabras: sol, denuedo,
y el lírico poema en el que asoma
la fuerza y el color de nuestro idioma:
un canto de encinar en el roquedo.

Alonso de Quijano sueña en verso.
¿Y dónde oír el canto de la Musa
sino en el mar de espigas candeales?

La Mancha, cruel dolor del universo
cuando alumbró el amor de esa profusa
llanura de amapolas y trigales.


VII

Ante el solemne espejo de la noche
cuando la luz inunda los marjales,
un brillo de bengalas orientales
silencia de la sombra su reproche.

Guadiana corredor, en un derroche
de líricos festejos manantiales
rebrota en sus lagunas virginales
con ansias de abrazado, fino broche.

Sabinas, encinares y masiegas,
la focha sueña un canto de alborada.
Amadla como al sol. Que no despierte.

Mañana volará con ansias ciegas
a oír en el rumor de la cascada
el grito triunfador contra la muerte

Nardy, romance con una tierra.

CAMPOS DE CASTILLA


Ha pasado ya el verano,
ya no cantan las cigarras.

El sol tímido se asoma
como si temiera al agua que sólo es llanto del cielo.

Está pasando el otoño,
trae el frío entre sus aguas.

La aceituna en el olivo está sobrando en las ramas
esperando que se lleven su fruto para almazara.

Una nube blanca, blanca, va cruzando azul de altura
como si tuviera alas.

El otoño en su presencia
está sembrando de hojas el mirar de mi ventana.

Un gorrión gris se divierte en árbol de tronco a rama,
mientras va bajando un viento frío con rachas de agua.

El sol medroso de otoño, sin fulgores en su estampa,
se esconde tras densos nublos.

En los campos de Castilla donde la lluvia ya es ansia
que con los brazos abiertos la tierra seca esperaba…

el llanto alegra los agros,
los sonidos amedrantan,
en silencio están los cantos
de grillos y de cigarras.

Nardy