ARRITMIAS (Introducción)

ARRITMIAS

(2022) NPQ Editores

Arritmias consta de 16 poemas blancos – es decir versos con métrica (heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos) pero sin rima – y 17 rimados con la misma métrica. La misma combinación de versos impares que en mis poemarios anteriores.

El libro se inicia con una pequeña prosa que reivindica la libertad de expresión, con una alusión a la Revolución Francesa, a la ingenuidad del criterio limpio de la infancia frente a las mentes domesticadas. La guillotina que sesga versos maleantes transgresores de normas imperantes.

Mi trabajo poético anterior Esplendor (2015) y Aquel Año (2021), publicados en Amazon https://cutt.ly/7lpiVY8 ha estado siempre marcado por el amor dependiente.

Pero el sentimiento de Arritmias es diferente de Esplendor y Aquel Año. En el poemario se aprecia un intento de protección, un salvavidas frente a las inclemencias de los sentimientos. Nace del escepticismo, incluso de la ironía ante un sentimiento visceral que se lanza a tumba abierta, el flechazo, el estremecimiento efímero del que no se salva ni el más incrédulo y furibundo negacionista.

Ese sentimiento sobresaltado puede resucitar la capacidad de sentir al correr detrás del espejismo, de la cándida hipótesis, porque saber la inexorable conclusión, lejos de desanimar en ese estado cataléptico, estimula el apremio.

Suele surgir en cada poema la voz de la evidencia inflexible, capaz de mandar a hacer puñetas el recuerdo atildado y la bella pasión, preámbulo del fraude.

Y, a pesar de todo, es una pena porque ¿no es la realidad es una aguafiestas que pretende refutar la leyenda, alejarnos de los instantes perpetuos del “Esplendor en la Hierba”, al que aludo en cada poemario y que incluso da nombre al primero?

Una realidad que pretende que admitamos el fiasco, la adicción a nostálgicos errores y su intrínseca belleza y moldearnos con una férrea educación sentimental a la acomodaticia alienación, a la bonanza que ofusca los sentidos.

Por otra parte, oponiéndose a esa realidad fastidiosa, la voz que escribe Arritmias tiene la pretensión de rescatarse a sí misma de la mediocridad, de la rutina ramplona y pedestre para ser victoriosa en un pulso a la inercia.

Esa realidad que nos impone la razón a golpe de imposturas y trunca las emociones con constancia, que nos obliga a ser un rígido bloque, sin dudas ni deslices, desdeñando pueriles flaquezas, y desligándonos de apegos y de impulsos descarnados para vivir en un presente continuo y muchas veces alelado, camuflando los sentimientos bajo la alfombra como si fueran un descrédito.

La razón se impone como remedio para hechizos pretendiendo que no nos quedemos desasistidos sin pestillos, para ello, nos proporciona una alarma que pita cuando entra el ladrón de sentimientos por la ventana.

Pero acaso ¿no supone esa pretensión que vivamos una mera representación tras los visillos? ¿Que seamos clausura con la firme resolución colgando de un latido? ¿Que nos quedemos solo con el timbre de entreacto?

No. Mejor ser parte del espectáculo en vez de la farsa de una vida a hurtadillas.

Cuando me pregunto dónde quedó la mujer de genio indócil, la racionalmente asilvestrada, el terco raciocinio cobardea porque nunca cauteriza la incisión y en cierto modo todos vivimos siempre enamorados de un cometa.

La generación de mayo del 68 sigue buscando la playa bajo los adoquines, somos una especie de hechizo ateo capaz de idolatría porque en nuestro Barrio Latino particular solo queda asfalto sin playa y necesitamos esa playa.

A fin de cuentas, de una manera u otra, en el amor siempre pecamos por omisión o por exceso y nos damos cuenta mientras vagamos En Busca del Tiempo Perdido intentando reinventarnos el arrojo anestesiado.

Lo triste es que nos damos cuenta de lo corto que es el tiempo de los cerezos en flor y la dicha. Pero no importa cuando se puede ser triunfante en la derrota; el infierno puede ser radiante.

Y para quienes amamos la poesía: Aunque la vida languidezca se pervive en los versos.

No todos los poemas son descreídos, tras una decepción bien entendida y digerida puede surgir un distanciamiento sano con una mirada y un impulso valiente que se ríe del empecinamiento en el dramatismo lírico y del ensalzamiento de lo que no se lo merece, de un amor en zapatillas que se eclipsa desluciendo un bagaje luminoso, en una vida de racionado deleite en triviales historietas.

Estos versos descartan el soporífero acomodo, la vida monocorde, el conformismo, el melindroso equilibrio, son versos que vetan la subsistencia y pujan por la vida.

El sentimiento que crea estos versos ni vive en la planicie ni se inspira en la poesía épica y heroica, el sentimiento de Arritmias quiere vivir y no morir en el intento.

Y si hemos caído en el letargo, ¿quién rehusaría la resurrección?

Los versos de Arritmias no son fruto de lo que se llama inspiración, en la que no creo. Creo en la idea, eso sí, pero en la idea trabajada hasta la saciedad. Cada verso supone un esfuerzo intelectual de búsqueda léxica y semántica a veces agotadora y a veces desesperante limpiando cualquier asonancia entre versos (es decir evitando coincidencias vocálicas que edulcoran el sonido y el ritmo de los versos), buscando la mayor simplicidad en la riqueza lingüística, la expresión más clara, quiero que mi poesía sea inteligible. Y ¿por qué no? que las personas que los lean puedan tal vez identificarse.

Mientras espero volver a rozar la efímera Belleza de la poesía, surjo cada mañana y escucho los latidos de la vida (aunque sean en ARRITMIAS)

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