Lenguaje emocional y aspectos contrastivos. La indignación de un dios salvaje.

LENGUAJE EMOCIONALY ASPECTOS CONTRASTIVOS.
La indignación de un dios salvaje

(Primera Edición, Julio 2013).

A.Emma Sopeña Balordi

Colección: Interlingua
Editorial: Editorial Comares, S.L.
Materias: Traducción

Isbn: 978-8490450673
Precio: 13.00 e (IVA incluido)

 

 

 

Sinopsis

Las emociones, consideradas durante mucho tiempo socialmente incorrectas, van haciendo mella en los individuos hasta que un buen día estallan o bien producen en ellos una involución, en ocasiones, irreversible, «cada emoción reprimida dejará de manera sigilosa su impronta en nuestro comportamiento a través de patrones emocionales que deciden por nosotros, probablemente en contra de nuestros intereses, porque muchas emociones están basadas en el miedo y en la ira» (Punset, 2009: 18).
Esas experiencias multidimensionales —cognitivas / subjetivas, conductuales / expresivas y fisiológicas / adaptativas— que existen, como veremos, para poder adaptarnos mejor a diversas situaciones y experiencias, indican en qué medida nuestras necesidades han sido o no satisfechas, y si las situaciones son o no convenientes. Son, por lo tanto, indicios del organismo que nos señalan nuestras carencias.
Pero nos han enseñado a no fiarnos de esos indicios, ya que pueden conducir a decir y a hacer lo que no se debe, según las normas sociales establecidas.
Para nuestro trabajo sobre la expresión de las emociones relacionadas con la indignación, hemos recurrido a Un dios salvaje, ese «dieu du carnage», auténtico dios ‘carnicero’ de Yasmina Reza, que «nos gobierna, sin solución de continuidad, desde la noche de los tiempos» (Reza, 2011: 78) y que se manifiesta con toda su brutalidad casi desde el inicio de la obra.
Nuestro estudio comporta dos secciones. En la primera sección, nos proponemos cuestiones tanto de orden teórico —el concepto de emoción, distinciones terminológicas y clasificación de las emociones— como de orden lingüístico-categorial a partir de comportamientos verbales. En este sentido, nos servimos de un marco de análisis lingüístico que dé cuenta de las diferentes formas de expresión de las distintas emociones. De este modo, nos movemos en el terreno tanto de la codificación lingüística como del discurso o producción en un contexto de interacción auténtica, por lo que la pragmalingüística y el modelo de cortesía verbal son herramientas privilegiadas de análisis. Los individuos pretenden salvar su propia imagen de los embates de su entorno y, para ello, no dudan en arremeter ellos mismos contra quien les ofende o hiere su amor propio con actos verbales o no verbales. Se es abiertamente descortés porque lo que se pretende es menoscabar, desarmar, exasperar o mortificar al interlocutor; la descortesía crea entonces un clima socioemocional negativo, desarmónico y desequilibrante para la interacción. Los personajes intentan hacer prevalecer su propia cosmovisión en detrimento de la del otro, de manera defensiva u ofensiva, y para ello no dudarán en coaligarse con otro(s) miembro(s) del grupo. En nuestro caso, se trata de cuatro personas indignadas que reaccionan de manera airada ante los mutuos estímulos. A pesar de que su conocimiento de las reglas de cortesía les lleva, en ocasiones, a intentar reparar la situación, la realidad es que la palabra dicha cambia de tal manera el microcosmos en el que se encuentran que no hay reparación que valga. La tensión estalla y no hay marcha atrás. Las imágenes de todos quedan fulminadas.
Introducimos al lector en la obra mediante una sinopsis de la misma, ilustrada con las citas que mejor definen las situaciones-límite y los cuatro personajes que las protagonizan.

 

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